De pronto me parece que llueve

De pronto me parece que llueve

el aire huele a aire
la tierra sabe a migas de pan blanco
y el pecho se hincha
para contener al viento

la melena y tu blusa negra y escotada
el lapiz labial que siempre usas
y un cascabel incandescente que señala
el lugar de tu poesía.

Allí donde sombras tenebrosas
proyectan su abominable frenesí
quiero ser ala de pajarraco bueno
y en el rincón del abandono
tapar las escotillas de salida.

Y bebemos juntos, amiga mía,
agua fresca del manantial afortunado.