Michael Jackson, la despedida

 

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HispanicLA.com, 7 de julio de 2009.

En las pocas horas desde… ¿el entierro? ¿el funeral? ¿la celebración? por la muerte del cantante y bailarín Michael Jackson, rescato una y repudio otra.

De paso, el evento cerró calles en Los Angeles, costó casi cuatro millones de dólares al erario municipal, me obligó a una vuelta gigantesca para visitar a mi madre en el sanatorio donde se encuentra. Ni siquiera vinieron los centenares de miles que se esperaban.

¿Por qué? Quizás porque era una figura controversial. Pasados diez días desde la muerte y el cuerpo hecho un esperpento, la gente se habrá cansado un poco de tanta eulogía aunque, por morbo visceral que compartimos, quiere saber si murió por exceso de heroina o no.

Entre los participantes más gritones esta mañana había una congresista de Texas, paladin de los derechos civiles, ella, que nos recordó que “nosotros los políticos conocemos la constitución, y la constitución dice”, dijo ella, “que uno es inocente hasta que se demuestre lo contrario”.

Congresista, usted, ¿hubiese dejado a su hijo dormir, sólo, con Michael Jackson?

Entonces, rescato una: rescato cuando Brooke Shields, quien al igual que Michael Jackson fue la niña prodigio del espectáculo a los 10 años, y que fue prostituida por su madre a esa edad, y que se hizo amiga de Jackson, compartió algo de esa amistad de refugiados, de zombies condenados que son los chicos abusados.

Y repudio una: cuando pusieron a Paris, la niña de 11 años hasta ahora “protegida” de las cámaras durante toda su vida, en el podio, le enchufaron un micrófono en la cara y la hicieron aparecer como “la hija” que clama por “daddy”. Deplorable y no menos abusivo que lo que le han hecho hasta ahora a ella y los otros niños que ni siquiera son hijos de Michael Jackson, porque él no puso ni su esperma por ellos, y por eso son cero por ciento negros; ni siquiera son hijos de Debby Rowe, la ex mujer de Jackson y que fungió solamente como vientre contratado; y ni siquiera son hermanos. Como dijo un amigo: Jackson los compró. Y como está por estallar una tierna batalla por la patria potestad de los dos chicos mayores, posibles herederos de centenares de millones de dólares, entre Rowe y el clan Jackson, estos últimos hicieron valer su control de la niña, de la hermosa Paris, de aquella manera.