La última oportunidad de los republicanos

 

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Publicado en Huffington Post Voces el 27 de agosto de 2012

Con el inicio de la convención republicana este lunes, el Partido Republicano de Estados Unidos inicia la etapa decisiva en su intento de conquistar la Casa Blanca, desalojando de allí a Barack Obama, y simultáneamente consevar su mayoría en la Cámara de Representantes y recuperar el liderazgo en el Senado, para así tener de una vez por todas, la suma del poder en sus manos, y llevar a cabo una serie de profundos cambios en la economía y sociedad estadounidense.

Pero, ¿qué cambios? Si, como varias encuestas lo sugieren, Mitt Romney consigue la victoria en suficientes estados, en la noche del 6 de noviembre de 2012 él y su esposa Ann, rodeados de vivas, globos y éxtasis, darán las gracias al “pueblo estadounidense” y comenzarán a empacar camino a Washington, entonces, ¿cuáles serán las políticas que pondrá en efecto? ¿Las que le abrieron su camino – junto con muchos millones de dólares y el apoyo de la burocracia partidista – durante las primarias? ¿O las que desde que se aseguró el nombramiento como candidato nacional ha estado prometiendo?

Para enfocarnos en temas de interés para latinos: ¿quién será el Presidente Romney? ¿el que desde 2008 ve en la deportación (o “autodeportación”) de entre 11 y 15 millones de indocumentados la solución al problema migratorio, se opone al DREAM Act y construirá una cerca eléctrica a lo largo de dos mil millas de frontera con México? ¿El que cree que el país tiene suficientes recursos montados para ayudar a los pobres y “de eso no me preocupo”? ¿Quien considera que un país se debe gobernar como si fuese un negocio? ¿El que ve el camino al sanamiento económico basado en recortes presupuestarios a programas sociales pero aumento en los presupuestos militares? ¿El que lo matizaría con baja de impuestos – para quienes más tienen? ¿El que, en su primer acto de gobierno, “anularía” la reforma de salud popularmente llamada Obamacare?

O bien, ¿sería Romney, aquel el pragmático representante del ala moderada del partido Republicano que como gobernador de Massachusetts precisamente estableció una versión estatal del mismo Obamacare?

Depende.

Mucho puede definirse durante la Convención en Tampa.

Por el momento, los protagonistas están mostrando un frente unido. Ven la convención como el trampolín desde el cual Romney saltará a la atención pública e iniciará una carrera sin descanso hasta que se abran las urnas de votación.

Incluso el Tea Party Express, la organización que bajo el liderazgo del veterano estratega republicano Sal Russo inició el crecimiento de este movimiento popular, muestra esa faz de unidad: “en los últimos meses hemos sondeado las preferencias presidenciales de nuestros miembros y Mitt Romney consistentemente ha liderado o ha estado entre los tres preferidos… en una primaria exitosa tras otra, los votantes del Tea Party mostraron favorecer a Romney en cada estado que ganó, excepto Ohio”, dice el grupo en un comunicado publicado este lunes.

Pero detrás de esta fachada se esconde un enorme temor de que la convención republicana se convierta en un titánico campo de batalla para las dos principales facciones dentro del partido Republicano: los republicanos tradicionales, que responden, en rasgos generales, a Wall Street, y los nuevos conservadores del Tea Party, que se deben a las miles de asambleas populares que convocan en todo el país. Los segundos son intransigentes, ideólogos, estentóreos y decididos.

Existe en el Tea Party un marcado temor de los hombres blancos del país de perder su hegemonía demográfica. Son grupos de baby boomers, concentrados en las urbes menores, tanto protestantes como católicos, y miembros de la etnia mayoritaria de Estados Unidos que en pocos años, si las cosas no cambian, será una minoría, junto con los latinos, los asiáticos y los afroamericanos. Perderían lo que conciben como privilegios, cultural, social, económica y políticamente.

La confrontación entre los republicanos tradicionales o moderados y los conservadores pudo haberse dado en la convención de 2008, la que ungió a John McCain como candidato. En ese entonces, el Tea Party era todavía la novedad. La minoría.

Pero los líderes tradicionales estaban encantados con el Tea Party. Era la primera vez en décadas que lograban azuzar un movimiento popular, innovador, cuya función, pensaban, sería la de llevar a los votantes del confort de su hogar a los sitios de votación y darles a ellos la victoria. Para eso había que mantenerlos entusiastas y confiados.

En lugar de buscar el debate ideológico y prevalecer sobre la facción disidente, estos líderes intentaron cooptarla, integrarla, incorporarla al núcleo de un partido que, pensaban, sería de esa manera el ganador.

De allí la movida histórica de McCain de invitar a Sarah Palin como compañera de fórmula en su fracasado binomio presidencial.

Los intentos de apaciguamiento no cesaron después de la derrota en los comicios de 2008. Uno tras otro, los líderes tradicionales republicanos adoptaron posiciones, frases hechas, lemas y hasta las maneras de vestir y hablar de los más conservadores. Se mimetizaron. Esperaban un cambio que los favoreciera.

En cambio, hemos llegado a 2012 con el ala más conservadora dentro del partido Republicano ya afianzado en el poder. Una vez más, su caballito de batalla y representante ideológico Paul Ryan es candidato a vicepresidente, mientras que otro representante, el senador cubanoamericano Marco Rubio, estuvo en la lista de posibles elegidos y es considerado un futuro líder del partido. Como lo dice el mismo documento del Tea Party Express, entre los principales oradores de la convención estarán sus favoritos: Rubio, el senador Rand Paul, los gobernadores Scott Walker, Nikki Haley y Chris Christie y muchos más. Todos comparten sus mantras: recortar los gastos del gobierno y eliminar el déficit, aunque sea a costa de programas de seguro social, atención médica, educación. Dificultar la votación de los no deseados pidiendo que lo hagan con documentos de identidad de los que muchos carecen. Reducir las regulaciones gubernamentales en ámbitos como el medio ambiente, el desarrollo económico, la energía… Todo es lícito en ese altar, a excepción de los gastos militares, que son sacros y que pretenden acrecentar.

“La convención es liderada por un nominado presidencial y vicepresidencial del Tea Party, una lista de ortadores repleta de frescas caras del Tea Party, y la plataforma del Tea Party, lo llamaría un ´grand slam´, concluye Russo en el texto.

Y agrega la presidenta del Tea Party Express Amy Kremer: “es el movimiento del Tea Party, y no [el huracán] Isaac, el que tomó al partido como una tromba”.

Los unifica el deseo férreo de impedir la reelección de Obama. Pero se diferencian en mucho entre sí. Y si los republicanos quieren ganar el voto de los independientes, de quienes no se identifican con los ideales y los modales políticos del Tea Party, deben evitar que posturas como la del congresista Todd Akin, quien la semana pasada sacó a relucir la posición del movimiento respecto al derecho de la mujer al aborto (se oponen totalmente), sean vistas como las del partido.

Pero para eso deben acallar esas voces. Deben confrontar al Tea Party. ¿Lo harán?

No hay indicios de que eso suceda.

La convención es quizás la última oportunidad para que los republicanos tradicionales muestren que todavía están en el mando del partido. Por lo menos, para asegurarse la victoria en noviembre. Pero quizás no la aprovechen. Por el momento juegan todas sus cartas en intensificar la hostilidad y aborrecimiento de Barack Obama. Pero esa, es un arma de doble filo.