Hijos de padres deportados sufren problemas económicos y de salud física y mental

deportaciones

Publicado en Huffington Post Voces el 11 de junio de 2013

Contrariamente a los ladrones, llegan cuando están seguros que la familia está en casa. Contrariamente a los asaltantes, golpean la puerta, con fuerza. Es de noche, cuando los niños duermen. Da igual: las luces se encienden, hay gritos de miedo, de consternación y decepción. Es la migra. Llegó la hora. Se llevan a los padres. Viene una trabajadora social y se lleva a los niños y la casa, quizás recién comprada, queda otra vez a oscuras y en el silencio.

En cuestión de horas o pocos días, los padres, o uno de ellos, será deportado. A los niños, que nacieron aquí y son ciudadanos estadounidenses, se les busca hogar. Si no hay familia, en hogares pertenecientes al proceso de adopción.

Y aunque los padres reaparezcan en el teléfono o por Skype, ya están del otro lado de la frontera, inalcanzables. La oscuridad que comenzó en la casa se instala y se hace permanente.

Para los hijos de los deportados, el dolor es para toda la vida.
Se quedan aquí, entre otras cosas porque representan la esperanza de la familia. Son ciudadanos, y quizás tengan un mejor futuro que sus progenitores. Quizás los traigan de vuelta cuando crezcan. Total, allí no hay nada.

Y son muchos. “Se estima que 4.5 millones de hijos de inmigrantes indocumentados son ciudadanos estadounidenses pero viven en familias en donde uno o más de sus padres o tutores no lo son”.

Los han contado: solamente en 2012 “las deportaciones afectaron a 152,426” niños.

Son las víctimas de la política de dos cabezas de la administración Obama. Por una parte, promover una reforma migratoria que lleve solución de una vez por todas a la existencia de 11 millones – los números están en disputa – de quienes se encuentran aquí ilegalmente.

Por la otra, implementar la mayor operación de deportación que vio el país, totalizando 400,000 indocumentados por año, con el objetivo de ganarse el apoyo de (algunos) republicanos que se convenzan que Obama actúa para asegurar las fronteras del país.

Pero la realidad es ésta: “Ya hace dos años que no lo vemos y ya queremos estar con él”, dice Kasandra Reséndiz, hija de un deportado.

Frente a las protestas de la comunidad, la administración declaró hace más de un año que las redadas y deportaciones se limitaban a alejar elementos criminales de la sociedad, y, ¿quién no estaría de acuerdo con ello?

Pero la realidad es que siguen deportaciones de personas sin prontuario criminal, de familias que viven aquí hace muchos años, y que las filas de niños estadounidenses que se quedaron sin sus padres siguen creciendo.

Abandonados a su suerte, experimentan “depresión, bajo rendimiento escolar y además, crecen en un ambiente cada vez más pobre”. Así presenta Univisión un reciente estudio sobre los efectos de la deportación de los papás, en una nota de Viviana Ávila: “Asunto de salud pública”, desde Chicago.

El artículo de marras, reproducido aquí, se refiere a un estudio de Human Impact Partners, una organizacion de Oakland, California, publicado el 5 de junio mediante este comunicado.
El estudio, que se puede hallar aquí en su totalidad, “es una evaluación de los efectos sobre la salud mental de continuar la política migratoria federal actual”.

¿Cuáles efectos? Lo dice un niño, Carlos Reséndiz: “bajando los grados, no participando en actividades escolares, deportes…”

“Ahora Carlos debe salir con su mamá para vender helados y chicharrones”, narra Ávila.

Estos son los principales hallazgos de la investigación:

  • Se estima que 100,000 niños tendrán síntomas de retiro o separación, un problema de comportamiento que, al igual que la agresión y la ansiedad, lleva a bajo rendimiento escolar.
  • Más de 43,000 niños sufrirán problemas de salud física.
  • El ingreso medio de los hogares de inmigrantes indocumentados caerá por debajo de la línea de pobreza. Esto incluye a más de 83,000 hogares.

“Muchos niños vienen en estado de ansiedad contínuo” – dijo a la reportera el psicólogo clínico Héctor Machabanski.”No saben si volviendo de la escuela van a encontrar a su mamá o a su papá en la casa o no”.