Guía del horror estadounidense: 30 años de masacres

NavyYardshooting

Publicado en el Huffington Post Voces el 16 de septiembre de 2013.

En los últimos días, un debate público podría estar desarrollándose a ambos lados del Atlántico respecto a la excepcionalidad y singularidad de la vivencia política estadounidense. Se trata de un desafío a la creencia – cultivada desde arriba y conservada con fiereza e insistencia – de que Estados Unidos es una sociedad diferente a las demás, excepcional, extraordinaria, y que ello le confiere una justificación para la intervención, en cualquier lugar del mundo en donde el sentido básico de esta excepcionalidad – la democracia local – sea traicionado.

Tuvo que venir la matanza en los astilleros de la Marina de guerra estadounidense, este lunes 16 de septiembre, para que un político ruso pisara la herida y preguntase con cinismo cruel – haciéndose eco de su líder, el presidente Vladimir Putin – en dónde estaba ahora la excepcionalidad estadounidense.

Porque eso es verdad: los asesinatos en masa cometidos por miembros de esta sociedad contra sus prójimos, amparados en el derecho constitucional que tienen los ciudadanos de manera individual – lo dijo la Suprema Corte – de poseer armas, no tienen parangón en el mundo.

Los asesinatos masivos por parte de lunáticos, extremistas, fanáticos se suceden uno tras otro. Contra escuelas, contra compañeros de trabajo.

Por más que pululan y son espantosamente crueles, no pueden quebrar la barrera construida por los fabricantes de armas y sus organizaciones. Es más, con cada atentado se convierten en más extremistas, llegando a proponer, por ejemplo, que se armen a los maestros de las escuelas.

La publicación Mother Jones actualizó este lunes su análisis de las matanzas masivas que han ocurrido recientemente en Estados Unidos. Conviene darle una mirada.

La de este día fue la quinta matanza masiva del año.

El 13 de marzo en Herkimer, Nueva York, “Kurt Myers, de 64 años, mató a seis personas… dos en una peluquería, dos en un taller automotriz, antes de ser a su vez muerto luego de 19 horas de confrontación con la policía”.

El 21 de abril, en Federal Way, Washington, “Dennis Clark mató a su novia en la casa que compartían, luego mató a dos testigos en la playa de estacionamiento y a una tercera víctima en otro apartamento, antes de ser muerto por la policía”; total, cinco muertos.

El 7 de junio en Santa Mónica, California, “John Zawahri, de 23 años… mató a su padre y a su hermano en su casa y luego fue a la universidad Santa Mónica, donde fue muerto por la policía”… no sin antes matar a cuatro más y herir a tres.

El 26 de julio, en HIalea, Florida, “Pedro Vargas, de 42 años, incendió su apartamento, mató a seis personas en el complejo y mantuvo a dos más como rehenes hasta que un equipo SWAT irrumpió en el edificio y le quitó la vida”.

Dos semanas antes de año nuevo 2013, “Adam Lanza, de 20 años, mató a su madre en la casa y luego manejó a la escuela primaria Sandy Hook, donde… mató a 20 niños y seis adultos antes de quitarse la vida”. Fue en Newtown, Connecticut.

Desde 1982, fueron 62 matanzas indiscriminadas en todo el país, en 30 estados. Cinco en 2013, siete en 2012, 25 desde 2006. En 2012, murieron 151 como consecuencia de estos atentados.

El análisis de Mark Follman, Gavin Aronsen y Deanna Pan sigue implacable. Se usaron 143 armas, de las que 3/4 partes fueron obtenidas legalmente. Cuarenta y tres de esas armas poseían cargadores de alta capacidad, de uso militar, que desde hace años tratan de prohibir sin éxito. Los asesinos juegan a ser comandos, héroes, militares como en las películas o los juegos de video. James Holmes, que mató a 12 en un cine en Aurora, Colorado, tenía múltiples armas y magazines y los cambiaba como profesional, en el terror de la oscuridad, mientras en la pantalla daban el estreno de la última cinta de Batman. Fue en julio pasado.

Se agregará aquí que Colorado logró a duras penas establecer regulaciones para la tenencia de armas solo para ver que los dos legisladores (demócratas) que impulsaron esas leyes fueron depuestos en elecciones democráticas pocos días atrás. En castigo.

En 12 casos las matanzas fueron donde están los más vulnerables: escuelas. En 20, fueron en los lugares de trabajo de los asesinos, que así vengaron algún conflicto. De los 62 asesinos, 40 eran hombres blancos. Hubo una sola mujer, en 2006. El más joven tenía 11 años, pero la edad promedio era 35. La mayoría tenía problemas mentales graves, de los que se sabía antes de los hechos.

Y si alguien quiere minimizar de la gravedad de los hechos, y decir que la lista es exagerada, estos son los criterios que sus autores usaron para confeccionarla: 1. El asesino mató a al menos cuatro personas, lo cual corresponde a la clasificación de la FBI para asesinato en masa; 2. La matanza fue perpretada por un solo individuo (con dos excepciones desde 1982), y 3. Tuvo lugar en un sitio público (nuevamente, con dos excepciones).

Hay otra fuente trágica de muertes: la actividad de pandillas. Otra, los asaltos a mano armada. Pero las víctimas consecuentes de esos crímenes no fueron tomadas en cuenta aquí.

Las matanzas sin sentido, de hombres que salen armados para matar a muchos, son más frecuentes. Según Mother Jones en otro artículo, a más armas de fuego, más matanzas. Ven una correlación implacable, irrefutable.

Podría decirse que existe también una correlación entre la actividad militar de esta nación en otros países y los asesinatos en masa. Pero no la hay, al menos no directamente. Los asesinos no son veteranos de guerra. Y hay países, como Israel, en donde más de la mitad de la población tiene acceso a armas de fuego, y sin embargo los crímenes siguen siendo algo marginal, remoto, condenado. El problema no es de nuestros soldados. Es político. Es interno. Y para solucionarlo, hay que aceptar que existe.

Otras de las peores matanzas:

Noviembre de 2009: Nidal Malik Hasan, un psiquiatra del Ejército, ataca a soldados en nombre de su ideología islamista terrorista en la base Fort Hood de Texas. 13 muertos, 30 heridos.

En abril del mismo año, en Binghamton, Nueva York, Jiverly Wong mata – en el centro para inmigrantes ACA, a 14 inmigrantes y hiere a cuatro.

Abril de 2007, Blacksburg, Virginia. El estudiante Seung-Hui Cho recorre a sangre y fuego el campus de la Universidad Virginia Tech, por un largo tiempo. Mata a 33, hiere a 23.

En Red Lake, Minnesotta, marzo de 2005, Jeffrey Weise de 16 años, mata a su abuelo y la novia de éste, y luego va a una escuela secundaria de la reservación indica y mata a siete más. Cinco heridos.

La matanza de la escuela Columbine, por Eric Harris, 18, y Dylan Klebold, 17, en Littleton, Colorado: 15 muertos, 24 heridos.