El Correo de lectores

04/27/2006

Las secciones de cartas representan a los lectores activos. No solo leen; escriben. No sólo se informan, opinan. Su lenguaje los distingue: es demoledor en su simpleza y emocionante en su sinceridad.

Desde la manifestación del 25 de marzo y acercándose el boicot del 1 de mayo los lectores escriben más.

Un lector señala que los antiinmigrantes se oponen a que los indocumentados vengan aquí a trabajar, pero cuando éstos deciden ausentarse del trabajo se alarman.

Una lectora observa que jamás vio manifestaciones tan patriotas como las de los inmigrantes, con sus mares de banderas estadounidenses y el grito ¡USA! ¡USA!

Uriel Hernández, de Montclair, establece que «éste es el momento de salir de las sombras aun con más fuerza».

«Qué calladitos quedaron algunos medios de comunicación [TV, radio] que al principio estaban unidos con nosotros los inmigrantes indocumentados», dice David Luna, de Orange. Geovany Gaona, de la secundaria Amelia Earhart, en North Hollywood, dice que «la ley debe de cambiar porque este país depende de los indocumentados». Jesús Reyes, de Port Hueneme, limita el boicot a «las grandes corporaciones, las grandes tiendas estadounidenses».

De Downey, Abraham Espinoza declara que «el lunes 1 de mayo no me toca trabajar… pero ese día no voy a mandar a mi hijo a la escuela, como una manera de protesta». De la misma ciudad, Fabiola Herrera critica a los políticos latinos, «dígase las avestruces. ¿Dónde están? Con sus cabezas escondidas esperando que pase todo y luego a recoger votos».

Eduardo Callejas, de North Hills, se refiere a los conductores de radio «El Piolín» y «El Cucuy», de quienes se «desilusiona de sobremanera de que ellos se dicen líderes y no aguantan la presión».

Esperan que «el gobierno… se dé cuenta del poder económico… que legales e ilegales contribuimos».

Otros se oponen al movimiento. Daniel Robles, de Monterey Park, pide esperar a que finalice el debate en el Congreso. «No entiendo por qué tanta prisa, y escogieron el 1 de mayo, conmemoración del comunismo».

Una salvadoreña escribe en inglés que sus compañeros de escuela deberían quedarse quietos para que «no se los coman», porque deben saber que «aquí, están de más». Roger Chavarría, de Los Ángeles, declara que «a todos esos indocumentados habría que deportarlos». Richard Mora teme que «el boicot podría ser contraproductivo». Carlos Flores, de la ciudad de Vernon, se opone a la amnistía general, ya que «de la otra amnistía del año de 1985 ahí nacieron muchos parásitos… hay familias completas que nunca han querido trabajar».

Un señor de Apple Valley escribe a este periódico que «nada bueno ha salido de las marchas proinmigrantes», salvo incrementar la actividad de los racistas.

Saúl Godoy, de Downey, teme perjudicarse «yo solo» si cierra su negocio el lunes y otros no lo hacen. La acción, implica, debe ser de todos.

Dicen que «a nadie le conviene dejar de trabajar un día, se pierde dinero… dejar de mandar a nuestros hijos a la escuela tampoco es buena idea.»Los lectores buscan la participación activa. Y muestran que desde la manifestación del 25 de marzo no hay marcha atrás. Los escuchamos.