Desde este lado del espejo

Maythé

Los hombres que me veo en el espejo
no se hablan ni habitan el espejo

se miran sin mirarse no prometen
ni convergen en el humo de tus labios

los hombres que me miro en el espejo
son inocuos y se limpian en silencio

la sustancia pegajosa de la noche
su infancia y escoria de susurros

el tierno estertor de malos sueños
reverbera repercute como dije

y se doblan como tallo podrido
ennegrecido por el peso del recuerdo.
O bien caen
uno a uno
en manada
se amontonan como a orillas del ganges
manotean en su delirio fangoso
para que sobrevivan solo los que fluyen
solo quienes aman de verdad
con la boca salada de desprecio
para que arrojen
a los que yacen solos en la acera
sin saber por dónde se les fue la vida.

Y a su caída
quizás se deje ver el reflejo espejo
el sino vaporoso de tu aliento
tu gemido matutino
la hechumbre misteriosa y redonda
de tu pelo mojado
el sabor amorfo
y lejano como patria
de una pasta dentífrica
que has importado
desde aquel otro país y habitado

y detrás
y lejos
y allá del agua y detrás
nuestras caras sepia
torpes gestos de iniciantes
juntos aparecemos juntos.

Epígrafe:
Esos hombres del espacio
no se encogen ni se cansan
ni se arrastran entre ámbar y razones
que justifiquen su sordera o un castigo,
no rompen el hechizo
para salir a flote como antes
perfumados, perdidos,
pesados de tus orgías y desgracias
o en perfecto estado de agonía y sobresalto.

Hollywood