¡Cuidado! ¡Peligro! ¡Teorías conspirativas!

Boston Exteriors And Landmarks

Publicado en Huffington Post Voces el 26 de abril de 2013

Esta semana, Kevin Harris murió por de una explosión que él mismo generó en su casa del sur de California, llevando a su fin una vida atormentada: imaginaba que lo perseguían. Filmaba a sus vecinos, por sospechar de ellos. Y, nos cuenta Los Angeles Times, afirmaba que “el gobierno de Estados Unidos controla el flujo de información al público y asesina a los disidentes mediante accidentes extravagantes y enfermedades tales como el cáncer y el sida”.

Harris, una persona con problemas de salud mental, sucumbió a un mal que lo obsesionó y finalmente doblegó: era un adicto a las teorías conspirativas.

No es el único. Hay muchos que siguen más las teorías conspirativas que las noticias reales. Y en pos del atentado terrorista en Boston éstas florecen y se magnifican. Aunque inician en las márgenes remotas de la sociedad, su proliferación en internet es contagiosa.

Y es peligrosa, porque llevan a abandonar el terreno de la razón y el conocimiento; incitan al error, la injusticia y el fanatismo.

Las teorías conspirativas han emponzoñado la labor periodística, que es lo diametralmente opuesto.

Alimentadas por conjeturas y saltos mortales de la lógica, tienen un común denominador: hay un poder oculto – en este caso, el gobierno federal de Estados Unidos – que está detrás de los acontecimientos de una manera secreta, permanente, perfectamente encubierta, y que, sin embargo, ellos pretenden conocer.

Sus adherentes son detectives amateur del internet.

“Las “teorías de la conspiración” plantean la existencia de complots perfectos, universales y sin límites en el tiempo y el espacio. Las “teorías de la conspiración” involucran a múltiples participantes de todos los estratos y esferas, como políticos, policías, empresarios, militares, intereses extranjeros, medios de comunicación, alienígenas, en fin”, dice en entrevista Julio Patán, autor de Conspiraciones: Breve historia de la conquista del mundo por los extraterrestres, los masones, la ONU, las élites financieras, el establishment, etc. (Paidós,2005)

Sus seguidores no se pueden convencer de lo falaz de tu teoría, porque, como dijo Kurt Cobain (citado en la entrevista de marras), “Sólo porque estás paranoico, no significa que no te estén persiguiendo” lo suyo es un argumento que se alimenta a sí mismo, que tiene una lógica circular, irrompible, fortalecida por otros que piensan igual y que se creen a su vez parte de una especie de conspiración de la verdad.

A propósito, hasta hay una teoría conspirativa sobre la muerte de Cobain.

Pero, ¿por qué son cada vez más exitosas?

Porque en la difusión de información reinan, no el papel o la radio o la TV sino el internet, y en internet son iguales todos: cualquiera puede poner un sitio, o entrar en los medios sociales como Reddit, Facebook, Twitter, y diseminar falsedades. Es que también es insaciable la sed de nuestros medios de comunicación, en esta era de competencia e inmediatez implacables, por nuevas noticias, a cual más truculenta, llamativa… que se zambulle pronto en el mar del olvido, para dar lugar a la siguiente.

Porque ese carácter inmediato del internet lleva a los medios de comunicación – de los unipersonales a los más grandes – a publicar lo que venga, rápido, rápido, antes de que lo hagan otros, sin verificar y a veces ni siquiera pensar con sentido común.

Porque en este contexto político se desprecia a la prensa y glorifica a un engendro pomposamente llamado “periodismo cívico” donde no rigen las reglas de verificación, múltiples fuentes, confirmación, selección o decisión editorial, para mencionar unas pocas.

Las teorías conspirativas de la historia se originan y retroalimentan a partir de circunstancias de crisis política o económica, o de intereses creados. Reemplaza una sana desconfianza de los gobiernos por una demonización y endiosamiento (es todopoderoso). La aseveración de la madre de los Tsernaev de que detrás del atentado en Boston no están sus hijos sino un complot, es parte de una cultura que ve todo con esos ojos. Centenares de millones de personas en Medio Oriente juran que los ataques terroristas de 9-11 fueron la obra del mismo gobierno de Estados Unidos o de los judíos, o ambos. Aunque al mismo tiempo, con un guiño cómplice, lamentan que no haya habido más víctimas.

En el mismo tacho de basura están las ideas de que Naciones Unidas piensa apoderarse de Estados Unidos, que Barack Obama es musulmán, socialista y enemigo. Y que nunca llegamos a la Luna. Y también que Elvis Presley no ha muerto pero Paul McCartney sí…

El excomentarista de CNN y Fox News Glenn Beck piensa lo mismo: que el gobierno federal protege al encargado de los ataques terroristas, que era un árabe saudita arrestado porque huía del lugar de los hechos, y que lo pusieron en libertad en circunstancias extrañas, y que estaba en la lista “no fly” confeccionada para sospechosos de terrorismo, y que aquí hay un complot.
Sólo que todos los alegatos fueron revisados y desmentidos por la prensa, dice el excelente Christian Science Monitor.

Los autores del atentado llamaron la atención de los investigadores que revisaban miles de fotos de la escena, precisamente, porque no huían del lugar de los hechos, como lo estaba haciendo todo el mundo.

Y sí, lo pusieron en la lista de prohibición de vuelo. Pero fue luego del atentado y luego de detenerlo temporariamente.

Otro problema es que las conspiraciones que las hay, las hay.

“Las conspiraciones, reales e inevitables, han sido parte integral de la historia humana: desde los griegos a los viejos fraudes electorales del PRI, pasando por Shakespeare, los golpes militares latinoamericanos y las “adquisiciones hostiles” de las grandes corporaciones”, dice Patán.

Pero son efímeras, imperfectas, limitadas.

Revelarlas es el fruto del conocimiento y la investigación. Revelar las conspiraciones falsas es el resultado de la ignorancia y el fanatismo.

Infowars es un sitio de internet con una audiencia gigantesca, de millones. Se dedica al periodismo amarillista. Mina la confianza, no solo en el gobierno, sino también en la ciencia y el conocimiento. Por eso, su página principal lleva un póster que afirma: “las vacunas matan”.

El sitio es una mina de oro de teorías conspirativas. El misterioso “sospechoso central” saudita visitó repetidamente la Casa Blanca, dice Infowars. La Primera Dama Michelle Obama, a su vez, lo visitó en el hospital, lo que según la lógica torcida demostraría que Obama fue quien promovió los atentados. Y Tamerlán Tsarnaev participó en un taller de la CIA, lo que alimenta la idea de que era un agente…

Los extremos se tocan. El mismo Tamerlán Tsarnaev era un ávido lector de ese sitio, según Associated Press .

Claro que eso no significa absolutamente nada más que una afinidad cultural. Una manera de pensar similar.

¿Cómo zafarse del encanto de serpiente de las teorías conspirativas? ¿Cómo diferenciar entre éstas y piezas informativas simplemente especulativas? Para quien tiende a ser parte del universo conspirativo, es difícil. Para los demás, cautela, sentido común, respeto por la labor periodística, alerta por lo que carece de sentido. Hay más, pero está fuera del alcance de este texto.

Pero es importante pensar, porque las “revelaciones” de Glenn Beck, emitidas desde los extremos, se magnifican:

Cuatro congresistas acaban de enviar una carta – que claro, hicieron pública – a la secretaria de Seguridad Interna Jane Napolitano demandando información sobre el famoso saudita Y para refrendar su demanda, se justifican mencionando que “informes de los medios han seguido despertando preocupaciones acerca de este individuo”, refiriéndose a los hallazgos de Beck, que claro, utiliza su carta como prueba de lo por él dicho.

Lo dicho: rumores circulares, que se alimentan de sí mismos.