Cuentos varios

El ojo

Por eso te miro ahora, como si no te hubiese mirado nunca, cuando me besas y cierras los ojos, y también cuando llegas de un viaje largo y abrazas tiernamente a otra gente, y soy yo quien recibe tu abrazo y contengo la respiración para que el abrazo dure para siempre. Y estoy mirando desde entonces tus ojos ardientes, árabes, que lo dicen todo sin decirlo, y mirándote acaricio tu mejilla y con mi mano la cubro y la seco.

Mi ángel de la guarda

Gabriel es especialmente torpe. Choca con objetos sólidos, como postes, automóviles, personas. Se sonroja si una mujer le mira. Se golpea la cabeza, el torso, se le tuercen las manos cuando carga bolsas de comida. Se le caen.