Cuentos

El ojo

Por eso te miro ahora, como si no te hubiese mirado nunca, cuando me besas y cierras los ojos, y también cuando llegas de un viaje largo y abrazas tiernamente a otra gente, y soy yo quien recibe tu abrazo y contengo la respiración para que el abrazo dure para siempre. Y estoy mirando desde entonces tus ojos ardientes, árabes, que lo dicen todo sin decirlo, y mirándote acaricio tu mejilla y con mi mano la cubro y la seco.

Mi ángel de la guarda

Gabriel es especialmente torpe. Choca con objetos sólidos, como postes, automóviles, personas. Se sonroja si una mujer le mira. Se golpea la cabeza, el torso, se le tuercen las manos cuando carga bolsas de comida. Se le caen.

Teatro de títeres

CELIA Celia parece ansiosa por mostrarme el libro que está escribiendo. Habla como si fuese algo muy importante. No sé cómo lo hace, sigue, me irrita, me cansa, ya quiero verlo. Nos invita a visitarla a la vieja casona al norte de Tel Aviv en donde vive con su bebita Corona y dos perras ya…

El abrazo

a Alex, de nuevo joven luego de esa ausencia. Hace frío otra vez en el Líbano, nieva y la ventisca es insoportable. Cuando llegués a casa no te podrán reconocer; tu hermana tan hermosa te mirará por un largo rato y tu madre se irá a la cocina murmurando algo que no quisiera que escuchés…

El Arbol de la Vida

El árbol de la Vida se encuentra en el camino que serpentea hasta Alei, no lejos de Beirut, y pasa a pocos metros de la estatua de un prócer libanés que unas manos piadosas cubrieron con sábanas blancas y que nos vio ascender armados hasta los dientes. Charcos y calles sinuosas de Alei, balcones altísimos,…

El vencedor

En memoria de Itamar, quien me ganó en chaquete antes de morir Avanzo porque me dijeron. Lentamente, la cabeza inclinada, el cuerpo contracturado y cubierto de polvo, un rictus que por instantes permite ver el rosado del labio y el blanco del diente. El viento esparce ondas de miedo por el desierto. Huimos. Tengo dos…

Los enemigos

a Daniel Blumenthal, que entró a Beirut desarmado Ahora puedes saber que fui hipocondríaco. No combatía mis enfermedades: las cuidaba. Mimaba esos dolores irradiantes de alguna zona interna donde secretamente tejía su savia el mal. ¡Espalda quejumbrosa!: al extender el brazo, los dedos temblaban de nerviosismo. Mi mujer me mandaba siempre a hacer gimnasia, a…

Jaike, mi amigo

Bajito y narigón, al caminar Jaike se mecía de un lado para el otro. Era el jefe de los enfermeros del batallón. Rebosaba simpatía, una sonrisa llena de dientes blancos de su boca grande y sincera, las mejores bromas, la amistad desinteresada, los ojos buenos. Soñaba con recorrer los Estados Unidos en motocicleta, vivir allí…

El último ensayo de Florio Lukascewicz

“Los seres que habitan Vega quizás posean un cuerpo microscópico o inconmensurablemente gigantesco, con extremidades adiposas y prolongadas que les permitan el equilibrio,  consistencia espumosa,  tronco chato, una terminación superior con los órganos sensoriales,  un sistema de comunicación no vocal, una conciencia embotada o colectiva, o la permanente vigilia”. Profesor F. Lukascewicz ‘Apuntes para un…

El sueño del tigre

a Julio Cortázar Lo despertó el zarpazo. Lacerante y cruel, el hilo de sangre que corrió por su espalda lo sacudió como una corriente  eléctri­ca.  Se revolcó en la cama. Abrió los ojos. Pretendió horadar  la oscuridad y distinguir las últimas luces de un barrio lánguido desde el séptimo piso. El resoplido de un animal,…

En el parque del tiempo

Llevé a mi hijo menor al parque de la calle Hickory en Torrance. Siempre está muy limpio y genera una expectativa muy agradable de pasarla bien.  Las dos bicicletas entraron a duras penas en el automóvil, aunque por lo que te voy a contar, solo el niño usó la suya, la nueva. El parque es…

En el nombre del Rey

Seducido por los cuentos de estructura cíclica, por la literatura fantástica; entusiasta coleccionista de fotografías de rostros en close-up (en blanco y negro); típico consumidor de ideas célebres, frases ingeniosas, palabras catapultadas como al azar; aficionado a las cartas de España, las pasiones que comienzan, hijos recién nacidos y plagios, agnóstico y bebedor, en fin…

Piensa

I Cierra los ojos y déjame abrazarte. Apóyate aquí, en el hueco de mi hombro izquierdo, es menos huesudo, más cálido. Te quiero mucho, ya se terminó la noche, se fue, piensa que estaremos de fiesta más tarde, alegría, que saldremos a pasear a las montañas y nos anegaremos de la risa en los recovecos…