California en la sala de emergencia

 

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Publicado en HispanicLA el 6 de agosto de 2009.

-¿Se habrán olvidado que estoy aquí?
Es una subcultura casi, casi un grupo de presión. O por lo menos lo sería si la ejerciera. Son los enfermos, los viejos, las madres con sus niños, los inmigrantes con fajina de trabajo, todos callados, ensimismados, enfermos. Son los que pasan horas esperando en las salas de emergencia. Es un problema que está aquí para quedarse y que amenaza con empeorar.
Luis Sánchez llegó al hospital del condado LAC-USC a las 11 de la mañana con vómitos, gastritis, vértigo, dolor de cabeza. A las 6 de la tarde, sin que lo atendiesen, su esposa tuvo que irse. Cuenta que volvió a las 10 de la noche y lo mismo. Al rato se le echaron encima cuatro estudiantes de medicina, pero lo volvieron a dejar por casi una hora porque llegó una ambulancia con heridos.

La mayoría de la gente que allí espera no está en esas condiciones. Pero igual espera, porque piensa que es una urgencia, porque no encuentra otra ayuda, o porque no tiene seguro médico y esta es la única manera de recibir cuidado.

Otro paciente, desesperado de esperar, se fue a su auto y llamó al 911. Volvió al hospital en ambulancia y lo atendieron inmediatamente.
Un hombre de 33 años que se quejaba de dolor en el pecho y brazo izquierdo murió de un ataque al corazón después de tres horas en la sala de emergencia, y cuando ya, exasperado, se iba. El caso está en tribunales.
Según el CDC, término medio se espera 222 minutos – es decir 3 horas con 42 minutos – hasta que su emergencia es atendida.
Claro, no siempre es emergencia. El Colegio Americano de Médicos de Emergencia explica (www3.acep.org) cuándo correr a una sala de primeros auxilios.
La mayoría de la gente que allí espera no está en esas condiciones. Pero igual espera, porque piensa que es una urgencia, porque no encuentra otra ayuda, o porque no tiene seguro médico y esta es la única manera de recibir cuidado.
El gobierno federal lo paga. De las 119 millones de visitas a departamentos de emergencia en 2006 en todo el país, el 40% fueron pagadas por programas del gobierno federal: MediCal, Medicare, etc. No por seguros médicos o privadamente.
El caso más dramático: Edith Isabel Rodríguez, cuya muerte el 9 de mayo de 2007 de una perforación gastrointestinal en el hospital King-Harbor después de que se le negó tratamiento fue capturada por las cámaras. No le creyeron que estaba grave; los recepcionistas hicieron allí de secretarios, médicos y juez supremo, decidieron que era colitis y que la señora estaba molestándolos. Seguramente se hubiera salvado si la atendían.
¿A qué se debe tanto problema?
California era el estado modelo para servicios a la población. Pero en los últimos 10 años se cerraron 140 salas de emergencia; en 85 de los casos, junto con todo el hospital. California está ahora en el último lugar de salas por habitante en todo el estado.
Al mismo tiempo que el crecimiento demográfico y la inmigración hacía a los latinos el grupo más numeroso del estado, bajaba la voluntad de los gobiernos de financiar el bienestar público. Ahora son siete millones sin seguro, en el estado dorado.
En enero, la asociación de médicos de salas de emergencia presentó una demanda contra el gobernador, diciendo que el sistema está al borde del colapso y que el gobierno no cumple con sus obligaciones más básicas. [/column] [column width=”47%” padding=”0%”] Todo esto es bien sabido. Pero cabe recalcar un hecho y advertir contra una tendencia.
El hecho es que cuanto más seria la condición de quien llega, más se alarga la espera. Se podría pensar que los que vienen por nada o casi nada deberían esperar forever. Pero según la revista especializada Health Affairs, mientras que los tiempos de espera crecieron cada año entre 1997 y 2004 en 4.1%, para gente con ataques al corazón subieron en 11.2%. ¡Cada año!
Una nueva publicación de la Oficina de Responsabilidad del Gobierno Federal (USGAO) dice que los pacientes languidecen en las emergencias el doble de lo recomendado por las asociaciones médicas. Los que requieren la atención más urgente, que deben ser ingresados en un minuto, esperan entre media hora y una hora.
Además, afroamericanos (31 minutos) e hispanos (33 minutos) esperan más que los blancos (24 minutos).
Lo que más preocupa es que para casos no urgentes, como mi dedo, no hay demora comparado con lo que la ciencia médica recomienda. Pero para casos inmediatos, de vida o muerte, se pasan el 74% de las veces. Para otras emergencias, en la mitad de los casos.
Otro estudio del Dr. Andrew Wilper de la Facultad de Medicina de Harvard dice que los tiempos de espera para casos graves crecieron en 36% en todas las salas a un promedio de 30 minutos.
Visiblemente, hay algo terriblemente errado en la administración de los hospitales. Sin contar que violan la ley federal EMTALA (Ley de Tratamiento Médico de Emergencia) que obligan a hospitales y médicos a seguir procedimientos para identificar las condiciones médicas de todos los que se presenten a un hospital.
Pero el problema no es los hospitales. Muchos, creando Centros de Urgencia para gente con problemas no de emergencia, ayudan.
El problema son las prioridades de los gobiernos. Esta es la tendencia que empeora contra la que hay que advertir: estan rompiendo el contrato social que los obliga a velar por la gente.
Después de cinco años de sucesivos recortes a la salud se anuncian más y peores.
Las retorcidas propuestas presupuestales que cocinan en Sacramento incluyen eliminar el programa Healthy Families, que sirve a un cuarto de millón de chicos en California, de ellos 57,000 en el condado de Los Angeles.

El problema son las prioridades de los gobiernos. Esta es la tendencia que empeora contra la que hay que advertir: estan rompiendo el contrato social que los obliga a velar por la gente.

Eliminan programas de medicina preventiva. Ayuda para los ancianos. Para familias de bajos ingresos. Para inmigrantes legales.
Lo anterior sucede después de que en marzo se recortó -de la partida que paga el estado a MediCal- 1,100 millones y se redujeron los reembolsos a médicos que aceptan pacientes con este programa.
¿Qué quiere decir esto? Que más gente irá a menos salas de emergencia. Que esperarán más. Que dejarán su vida en manos de recepcionistas. Que van a haber más Edith Rodríguez. ¿Quién puede decir lo contrario?

Que no digan que no se les advirtió.