Cada vez más incendios; cada vez menos recursos

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En todo el país, ha estallado la temporada de incendios. Nada más dramático, para recordarlo, que la trágica muerte de 19 bomberos, esta semana, en Arizona.

En lo que va del año, más de 19,000 incendios forestales han abrasado el equivalente de 700 millas cuadradas, con decenas de miles de refugiados y pérdidas varias veces millonarias. Y eso que la temporada de incendios dura hasta octubre.

Cuando llegan estos días con su cosecha de desgracias, nos preguntamos por qué estallan los fuegos, por qué cuestan tanto apagar, por qué son tan peligrosos.

Incidentalmente, comienzan porque un camión se vuelca, alguien enciende una fogata para pedir ayuda, un niño de 10 años juega con fósforos, un relámpago lo inicia o por maldad asesina de pirómanos.

Las condiciones climáticas son críticas. En este clima, es como si estuviéramos viviendo sobre un una gavilla de paja seca y caliente. No llueve y los campos están secos y los árboles se encienden con facilidad. La sequía es persistente. Sí, los grandes incendios se pueden relacionar con el cambio climático, dice la ciencia.

Y así, en California se registró un aumento de 45 por ciento en los incendios forestales este año.

Además, los incendios son más peligrosos: hay más hogares involucrados, más poblaciones, por lo general pequeños enclaves afectados por las llamas. Pero no es que el bosque se acerque a la gente, sino al revés: los pudientes construyen viviendas en bosques, laderas, cañones, pendientes y sitios inaccesibles en busca de tanto tranquilidad como la cercanía a la urbe. En consecuencia, cada año, los incendios se acercan más.

Son razones históricas, difíciles de cambiar.

Pero hay un motivo adicional de que los incendios se expandan y duren, que cueste tanto apagarlos, que tanto angustien y destruyan. Y que sí se puede cambiar.

Es que en los últimos años, han habido severos recortes presupuestarios en los departamentos de bomberos, de centenares de millones de dólares. Es menos recursos. Menos dinero para camiones, aviones, bomberos, prevención, ambulancias, educación, entrenamiento, contrataciones.

Es algo que no tiene relación directa con el desastre de los 19 fallecidos. Lo suyo es un horror que todavía no se aclara.

Pero cada año, los críticos dicen que no se puede seguir recortando esperando que ello no tenga consecuencias. Y cada año sucede nuevamente.

Sí: están jugando con fuego. Tiene consecuencias.

Lamentablemente, esto es parte de la tendencia de recortar servicios sociales, de resolver problemas económicos por medio de planes de austeridad, sacando de las manos de la gente los que les permitiría dedicarse a producir más.

Sabiendo que los desastres están para quedarse ¿por qué no nos preparamos mejor?

Porque uno pensaría que los gobiernos locales lo harían absolutamente todo para garantizar las vidas de los habitantes. Pero parecería que sucede lo contrario. En vez de subir, el presupuesto estatal de emergencias de California, que en 2011 bajó a $1,400 millones, ahora es de $1,250 millones.

Sabiendo que una calamidad es no sólo posible sino probable, sería bueno que le prestáramos atención, que nos enteráramos y demandáramos de nuestros gobiernos hacer lo propio.

Después de todo, lo último que nos podrán decir es que fueron sorprendidos.

Pero parecen estarlo. Sucede una terrible desgracia y todos hacen como si viniese de la nada.

Pero basta con volver a publicaciones del año pasado, como ésta del Huffington Post, para ver cómo “la caída precipitada de ingresos estatales y locales causada por la gran recesión, combinada con recortes presupuestarios impulsados por políticos que favorecen la austeridad, llevó a niveles de personal estáticos o que lentamente bajan en todo el país. Problemas de presupuesto atormentan a departamentos de bomberos desde Minneapolis a Irving, Texas, Detroit, New London, Conn., Hialeah, Fla., y Kansas City, Missouri”.

Lo saben. Lo saben.

En Los Ángeles, explica el análisis, el presupuesto de bomberos era en 2010 de 561 millones de dólares. En 2012, de 472 millones. El concejo municipal dejó vacantes 318 plazas de bomberos. El número de bomberos bajó de 3,586 a 3,239 .

Ahora bien, una de las medidas más importantes para calificar a un departamento de bomberos es el tiempo exacto que les lleva responder a una emergencia médica y llegar con una ambulancia y un enfermero al paciente. No estamos hablando de salvar un gatito de un árbol, no. Es vida o muerte. Si alguien deja de respirar, tiene cinco minutos para sobrevivir.

Y de acuerdo con una inspección municipal, ahora lleva por lo menos 20 segundos más que antes. De 4 minutos 45 segundos a 4 minutos 57 segundos. Y en zonas populares como el Este de Los Angeles, otros 18 segundos.

Dice Austin Beutner en el Huffington Post: En 2008, Los Angeles tenía un 86 por ciento de prontitud. Casi siempre llegaba a tiempo. En 2011, después de los recortes, bajó a 59 por ciento. Es decir que “por cada 100 incidentes a los que responde LAFD – el Departamento de Bomberos de Los Angeles – hay al menos 27 víctimas que no reciben la ayuda que necesitan a tiempo”.

Los recortes no son solo municipales, sino en toda California, en sus 900 departamentos de bomberos, según explica el jefe Demetrious Shaffer, presidente de la Asociación de Jefes de Bomberos de California.Y son federales. Como consecuencia de los recortes, el gobierno nacional tiene 50 camiones de bomberos menos para ayudar a los estados.

El presupuesto del U.S. Forest Service’s Fire and Aviation Management fue recortado en 5 por ciento, y el número de bomberos federales reducido de 10,500 a 10,000. En prevención – eliminar malezas y otros combustibles – se gastaba 350 millones de dólares en 2010. Ahora, 301 millones.

Se vienen más incendios en California y en todo el país. Casas destruidas, terreno carbonizado, personas evacuadas y recursos gastados, ni qué hablar de víctimas mortales y heridos, todos esos parámetros han establecido nuevos y lúgubres récords.

Los incendios, sí, tienen muchos motivos. Algunos de ellos, no los podemos cambiar. Pero si proporcionamos a los profesionales los recursos que requieren y comenzamos a planificar el futuro de manera racional, los daños a lamentar serán menores. Sin ninguna duda.